sábado, julio 16, 2011

la obesidad no salió de vacaciones se quedará en las escuelas

Terminó el ciclo escolar y la banda del gansito se llevó las ganacias de la tiendita escolar. Con bombo y platillo se inició la batalla contra la obesidad... se terminó doblando las manos ante el negocio del azúcar y las grasas. El asunto de la obesidad es de salud pública, se hizo mucho más con la famosa aparición del virus AN1H1 que al final resultó bastante controlable, se hace demasiado poco para eliminar los malos hábitos alimenticios:

Con una de las tasas más elevadas de obesidad, tanto en niños como en adultos, México enfrenta un grave problema de salud pública debido al incremento de enfermedades crónico-degenerativas vinculadas con el exceso de peso, pues en promedio la población consume 40 por ciento más azúcar y refrescos que hace 20 años, mientras que redujo el consumo de verduras en 30 por ciento en ese mismo lapso, afirmó Rafael Álvarez Cordero, editor en jefe de la revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La industria que vende en las escuelas no hizo caso de las recomendaciones del gobierno federal... quizá porque lo que importa es el negocio. Y como lo que importa es el negocio, quien tiene el poder no es el gobierno federal, son los padres de familia quienes dan dinero y permiso a los niños para comprar alimentos poco nutritivos y que facilitan la aparición de la obesidad. Para nutrir nuestro optimismo, los alimentos que se venden en la tiendita también pueden provocar hiperactividad:

Hasta 60 por ciento de los alimentos y bebidas –pastelillos, galletas, botanas, yogures y jugos– que se adquieren en planteles escolares contiene colorantes que pueden provocar temporalmente hiperactividad y déficit de atención en la población infantil, reveló un estudio presentado por la agrupación Consumidores. La investigación –con base en un estudio realizado en el Reino Unido– alertó que dichas sustancias provenientes del petróleo (tartrazina, rojo allura, amarillo ocaso, carmoisina, ponceau 4R y amarillo de quinoleína) también están presentes en alimentos distribuidos a niños y bebés a través de programas gubernamentales, como el componente de Salud de Oportunidades.

Los científicos tratan de encontrar soluciones, ya que el sistema educativo es poco efectivo, y las familias mexicanas siguen viviendo en el siglo XX cuando era mejor comer porquerías que no comer:

Científicos mexicanos e italianos buscarán soluciones para combatir el sobrepeso y la obesidad infantil, un problema que aqueja particularmente a los niños en México. Los gobiernos de México e Italia firmaron un convenio de colaboración para realizar en los próximos dos años un estudio, que tendrá un costo de 40 mil euros, precisaron en rueda de prensa los responsables del proyecto, que consiste en un análisis de los factores culturales y sociales de niños mexicanos y italianos. El titular del proyecto y miembro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) de México, Hersch Goldbard, indicó que el objetivo es analizar y atender en un futuro los problemas de sobrepeso y obesidad de la niñez en ambos países. "Se trata de establecer una base científica para determinar los factores culturales, así como circunstancias, ambientes y comportamientos de los infantes en las escuelas y sus casas", dijo Goldbard.

Se gastarán miles de pesos para solucionar un problema que se resuelve con dos mecanismos: 1. comer de manera balanceada (años de investigación lo sustentan); 2) aumentar la actividad física de los niños y las niñas (el sentido común, la lógica corriente y la investigación lo sustentan). Esto no ocurrirá en las escuelas, ya que están preocupadas por poner a los niños sentados poniendo atención a cómo resolver las pruebas nacionales e internacionales, y hay un gran negocio en la tiendita escolar. Solo queda a la sociedad mexicana crear un mundo más sano para los niños mexicanos, esto es comer más sano y hacer, hacer, hacer, ejercicio físico. Por ello, los parques y lugares para correr, brincar, saltar, gritar son una necesidad apremiante.



1 comentario:

Armando Peraza dijo...

El problema sigue siendo el mismo, la cultura y en el fondo el origen social del maestro, el origen social del mexicano que accede a las normales, una escuelas que son percibidas por los mejores estudiantes como escuelas de fracasados, la tercera o cuarta opción de los que hacen su examen para entrar a educación superior, de ahí el nulo aprecio social al maestro, además de su complicidad cultural, es el primero que consume el gansito y se lo da a su hijo