martes, noviembre 22, 2011

el sistema educativo y el sistema legislativo tienen poco efecto para promover la lectura en México

Los libros y la lectura han permitido un gran desarrollo cultural. Estos inventos nos han pemitido crear, compartir, conservar y transmitir nuestras ideas, sentimientos y emociones. Y en el siglo XXI, estamos presenciando un cambio tecnológico que potenciará las posibilidades del libro mismo:

Vivimos un cambio de era con el libro electrónico que requiere también un cambio en los estados para que garanticen a los ciudadanos el acceso, no sólo a los textos digitalizados, sino al cúmulo de información que hay y que se subirá en poco tiempo a la red, señaló Fernando Zapata. 

El director general del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), señala que los gobiernos deben llevar a su agenda política esta nueva época de la lectura y las bibliotecas. “Deben crear una figura similar a la de la salud, con la cual se asegure el acceso a los conocimientos en la red”.

A pesar de las nuevas posibilidades, la realidad concreta en México es bastante desoladora, en 200 años de vida independiente y 100 años de revolución, no hemos logrado que las personas se enamoren de la lectura, que desarrollen sus propias capacidades de aprendizaje, de usar la lectura como una compleja herramienta para el desarrollo personal y de formación:

Los bajos índices de lectura en México generan gran pobreza de vocabulario, particularmente entre la población más joven, lo que a su vez provoca falta de comprensión de las lecturas y un obstáculo para acceder a nuevos conocimientos, advirtió la directora del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, Aurelia Vargas Valencia. Para abatir este fenómeno, la especialista recomendó implementar técnicas adecuadas de promoción de la lectura y concentrarse en los aspectos cualitativos de la misma, en vez de imponer este hábito como una obligación y hacer que los jóvenes lean más cantidad de palabras por minuto, aunque no disfruten ni entiendan los contenidos. Se calcula que un estudiante promedio de nivel preparatoria tiene un vocabulario de entre 300 y 2 mil palabras, que contrastan de forma muy clara con las más de 80 mil que existen en el idioma español. Hay una riqueza enorme de la lengua que no se está utilizando, y un medio fundamental para mejorarla es la lectura.

Para el fomento de la lectura y el desarrollo de las competencias lectoras, la escuela es más un fracaso que un acierto, parece que la escuela en lugar de promover la lectura, es el lugar que crea a los alfabetos no funcionales, la escuela ni siquiera consigue que los docentes lean:

El Programa Nacional de Lectura (PNL) cuenta con “figuras educativas” que no tienen las competencias requeridas para fomentar la lectura; el compromiso de los supervisores, directivos y docentes con el proyecto es “menor al que se requiere” por la falta de correspondencia con sus necesidades e intereses personales”, advierte el estudio Evaluación de procesos 2009-2010 del PNL, elaborado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). El PNL comenzó a operar en 2002 durante el gobierno de Vicente Fox. Su finalidad es contribuir al fortalecimiento de las competencias comunicativas de los estudiantes de primaria y secundaria mediante la instalación y el uso de las bibliotecas escolares y de aula. Sin embargo, la evaluación –realizada por la UAM-Xochimilco en un reciente reporte que entregó a la Secretaría de Educación Pública (SEP)– subraya que para el aprovechamiento de las bibliotecas no basta entregar los libros en los planteles, sino que es necesario apoyarlos con estrategias que permitan que los volúmenes estén disponibles.

Tampoco la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro ha cambiado el desinterés de la sociedad mexicana. El mercado no basta para crear una sociedad interesada en el aprendizaje permanente:

Ya transcurrieron los primeros 18 meses de la puesta en marcha de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, y no parecen existir muchas sorpresas ni transformaciones en el mundo del libro. Al hacer un balance de la ley y del precio único, José María Espinasa, director de Ediciones Sin Nombre y uno de los principales impulsores de la misma, aseguró que resulta bastante complicado conocer los resultados.

Mientras tanto se rehabilitó una biblioteca en el Distrito Federal:


Con una inversión de un millón de pesos, la delegación Cuajimalpa rehabilitó una biblioteca que llevará el nombre de Luis H. Álvarez. Este espacio se ubica en el Centro Cultural que está a un lado de la sede delegacional y cuenta con más de tres mil libros, una sala de lectura, espacio infantil y una sala de cómputo y de regularización que dará servicio gratuito a dos mil usuarios de ésta y otras demarcaciones.


¿Y cuántos libros al año lees? ¿Te encuentras por arriba del promedio de 2.5 libros anuales? ¿Prefieres los comerciales de la televisión?